Sí, yo ya lo conocía, y me gusta

. Parece uno de mis textos en mis días malos.
Acá dejo otro texto relativamente nuevo, y a ver si se anima más gente que me pongo todo vergonzoso si nadie escribe nada
El Viejo Amigo
Entró en la habitación, y sintió un olor vacío, esa clase de olor que uno siente en los lugares con gente sin alma, detenidos en el tiempo.
Todo estaba en cámara lenta... vio unas personas llorando por aquí y por allí, gente mucho más joven que él. Intentó buscar una cara conocida entre el público, pero no la encontraba. La única que conocía estaba ahí, en el medio del circo, pálida, con la expresión de quien ve la muerte.
Se acercó al lecho. Una persona cualquiera hubiese visto el rostro de un viejo muerto, pero no él. Él estaba mirando un espejo, que lo que hacía era mostrar su vida, los pensamientos que no había visitado en años volvieron a aparecer como una cachetada en su mejilla fría.
Ese era su amigo, su buen amigo desde la adolescencia. La única persona con la que pudo conectar durante aquel tiempo tan difícil, la única con la que compartió sus mejores y peores momentos. Y allí estaba ahora, guardado en un cajón como si de un muñeco se tratase.
Lloró en silencio, y se maldijo por haber dejado pasar tanto tiempo. Se maldijo por haber perdido contacto... quién sabe qué hubiera ocurrido si no hubiese leído el periódico en el momento apropiado.
Eso no importaba ya, todo era muy tarde.
Volvió a mirar a la gente en la habitación, pero poco después se dio cuenta; la familia ya habría muerto mucho tiempo antes, él era el menor de la casa. Las caras de esas personas pasaron en un flash. Se asombró al recordarlas tan exactas.
Algunas anécdotas graciosas pasaron por su cabeza, pero no importaba, nadie iba a comprenderlas a menos que conociesen su relación.
Se preguntó si había tenido hijos o sobrinos... Luego se abstuvo de preguntar.
‘Qué puta es la vida’ se dijo a sí mismo. Él también había perdido a todos sus familiares, pero nunca pudo hacer una familia propia, y era por eso que lamentaba tanto esta reciente pérdida.
La vida funciona de una forma muy extraña. Primero nos acostumbramos al entorno que nos toca, luego empezamos a unirnos emocionalmente con otras personas. Los que tienen suerte, comienzan una vida junto a un individuo, por lo tanto les cuesta menos aceptar la muerte de la gente.
Pero la otra gente, esa sí que está maldita. Esa gente sólo se sienta y mira a los demás morir. Luego recuerda cómo eran los tiempos junto a sus amigos, y por último espera al hombre con la guadaña, anhelando que exista tal cosa como el cielo. Claro que, también existe otra clase de personas que no cree eso. Esa gente sabe que todo tiempo con amigos o familiares tiene un tiempo de expiración, pero una vez que esa fecha se cumple, no hay vuelta atrás. No pueden degustar ni por un instante los manjares a los que estaban acostumbrados.
Y el hombre parado al lado del cajón era uno de ellos. Su familia había muerto hacía un tiempo, y nunca se había percatado de cuánto los necesitaba, hasta que dejaron de existir. Con sus amigos sucedió lo mismo.
Se había convertido en un viejo amargado y melancólico, que no hacía más que filosofar sobre la vida.
Recordaba que cuando era pequeño, lloraba a escondidas pensando en el futuro lejano. Sabía que tenía a su alcance mucha gente, y que por mucho tiempo eso iba a ser así, pero él pensaba en cómo sería todo cuando tuviera 80 años. ¿Recordaría a esa gente con un dolor profundo en el alma? Simplemente era horroroso pensar que no estarían más a su lado.
Su respuesta había sido respondida: sí. Toda esa gente que fue alguien en algún momento, ya no existía, y ya nunca volvería a existir. Su madre, su padre, sus hermanos, sus amigos, sus mascotas, todos invisibles. Todos flotando en la Vía Láctea de la gran nada en ningún lugar, por el resto de la eternidad.
- Disculpe señor, tengo que pasar – interrumpió la voz de un joven.
El viejo se echó a un lado. El cajón se cerró para siempre.
Adiós viejo amigo.